Jorge Bayón (1988)
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Berrueces es un pueblo vallisoletano. Pertenece al partido judicial de Medina de Rioseco. Se encuentra a 41 Km. de Valladolid capital (a 9 de Medina de Rioseco).
Está sobre terreno ondulado, sin elevaciones destacadas, paisaje característico de la comarca de Tierra de Campos.
La mayoría de sus habitantes han sido labradores. Hoy en día ha descendido notablemente la población; de los 593 habitantes censados en 1956 pasaron a ser 80 en 1983, en su mayoría ancianos.
Es arcilloso el terreno sobre el que se asienta. En Berrueces tradicionalmente las casas se han construido con adobe (algunas de piedra), con tejado a dos vertientes con poca inclinación, y de una sola planta, los suelos de ladrillo, dotadas de amplios corrales donde se encuentran también las cuadras y pajares. La cocina tradicional era de lumbre baja y solían usarse cocinas donde se quemaba paja.
Berrueces tiene una iglesia, la parroquia de S. Miguel, y una ermita, de Ntra. Sra. de Pedrosa.
Las fiestas de Berrueces son el tercer domingo de Septiembre.
Los paloteos son danzas bailadas con palos. En Berrueces se bailaban exclusivamente en las Rogativas de Mayo a la Virgen de Pedrosa, en petición de lluvia para los campos.
Era costumbre de los danzantes prender un pequeño lazo a la persona o personas a quienes dedicaban el paloteo que iban a danzar, de ahí el nombre de "lazo" que se da a cada melodía.
participan ocho personas (tradicionalmente varones) vestidos de blanco, con enaguas. Para empezar se colocan en dos filas de cuatro enfrentadas. Existe una terminología particular, así, se llama "panzas" a los cuatro que están en medio y "guías" a los cuatro de los extremos, "calle" al desarrollo de la melodía una sola vez, etc.
Cada una de las melodías se toca cinco veces (cinco calles); siempre hay unos compases de introducción, éstos no se repiten. La Entrada y la Peregrina se tocan indistintamente para que entren o salgan los danzantes (la melodía de La Entrada se repite las veces que haga falta).
Los palos son de madera (eucalipto, nogal, ... ), a ser posible que suenen al golpearlos. Su longitud es aproximadamente de medio metro. los danzantes llevan uno de cada mano, y los golpean, siguiendo el ritmo de la música y la evolución de la danza, entre sí o con los del compañero.
Actualmente no se bailan en Berrueces, solo los miembros de algunos grupos de danzas de Valladolid que, en su día, enseñara el Sr. Pedro Mansilla, los conocen.
Si aún se recuerdan estas danzas es gracias al señor Pedro Mansilla.
Nació en Berrueces el 26 de Enero de 1911. Aprendió estos paloteos en su juventud. Estaba dotado de una excelente memoria y aptitudes para la danza y la música.
Se casó en 1940, tras haber tenido que participar en la Guerra Civil. Tuvo siete hijos.
Labrador en Berrueces, en 1966 emigra a Valladolid capital, trabajando en la construcción.
A finales de los 70 hay un auge del folklore castellano y se crean numerosos grupos de danzas en Valladolid, el Sr. Pedro intentó que algunos de estos grupos aprendieran los paloteos, movido por el interés de preservar estas danzas tradicionales, transmitidas a través de generaciones durante siglos, y preservarlas del olvido del que ya habían sido objeto en el mismo Berrueces.
No fueron los grandes grupos de aquella época los que mejor le acogieron. Fue un grupo humilde, de muchachos jóvenes, que se acababa de formar en la parroquia de La Milagrosa, en el barrio de las Delicias, quienes con mayor entusiasmo recibieron sus enseñanzas, era el grupo de danzas Valle de Olid. Tampoco los dulzaineros de entonces gustaban de tocar estas melodías, tal vez las consideraban demasiado simples.
Coincidió que yo estaba empezando a tocar la dulzaina y acompañaba al grupo Valle de Olid en sus ensayos y actuaciones, y aprendí del Sr. Pedro no solo cómo tocar la melodía de estos paloteos sino también cómo hacerlo en conjunción con los danzantes.
Siempre recordaré al Sr. Pedro enseñando. Le gustaba la exactitud en la ejecución: no podía faltar ni sobrar "un palo" (una nota). De carácter bondadoso, acudía a enseñar siempre que le llamaban y en todos los lugares que le conocían era querido.
Nos dejo un triste día de Septiembre de 1981, pero siempre estará en nuestro recuerdo.
Jorge Bayón Muñoz, 1988